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Síndrome de Fatiga Crónica PDF Imprimir E-Mail

Mucho más que fatiga: el Síndrome de la Fatiga Crónica-Encefalomielltis Miálgica (SFC-EM)


Síndrome de Fatiga Crónica-Encefalomielltis Miálgica (SFC-EM)

El Síndrome de la Fatiga Crónica-Encefalomielitis Miálgica (SFC-EM) es una enfermedad neuro-endocrino-lnmunológica", que implica un importante desarreglo bioquímico, causa una gran fatiga física y mental que no se alivia con descanso y produce, entre otros síntomas: faringitis o amigdalitis y otras infecciones crónicas, nódulos Iinfáticos sensibles, mialgias, artralgias, cefaleas, alteración del sueño y malestar que persiste más de veinticuatro horas después de un esfuerzo.

No se debe confundir el "Síndrome de la Fatiga Crónica-EM" con la "fatiga crónica", ya que ésta es un síntoma de muchas condiciones y enfermedades, mientras que el SFC-EM es una enfermedad específica, clasificada por la Organización Mundial de la Salud con el código G93.3 en el CIE-1o. No es una enfermedad psicológica.

La comisión CFS Name Change Advisory Comitee sugirió en el año 2007 que se cambiara el nombre de "Síndrome de la Fatiga Crónica" a "Síndrome de Fatiga Crónica-Encefalitis Miálgica" (SFC-EM), porque refleja mejor la enfermedad y evita la trivialización a la que da pie el nombre original. Para nombrar la enfermedad, en Canadá se utiliza EM-SFC y en el Reino Unido EM.

 Aunque muchos de los pacientes con el SFCEM tienen también la FM, el SFC-EM tiene algunas coincidencias con la fibromialgia: las dos son síndromes de "sensibilización central", la hipoxia celular (que no llega suficiente oxígeno a las células), la disfunción mitocondrial y el exceso de óxido nítrico. Sin embargo, un médico especialista formado adecuadamente puede diferenciar las dos patologías. Aunque en ambas se manifiesta la fatiga, en el SFC-EM existe una gran afectación inmunológica.

El impacto de esta enfermedad orgánica, multisistémica, reduce la actividad de la persona entre el 50% y el 80% de la que realizaba antes de enfermar, y se acompaña de una sensación de gripe que no remite, de trastornos importantes de concentración y memoria, dolor en articulaciones y/o músculos, alteraciones del sueño, dolor de garganta, inflamación de ganglios, inestabilidad ortostática (no poder estar de pie y desmayarse con facilidad), sensación febril e intolerancia a la actividad física (que provoca un malestar muy prolongado, de días, semanas o, incluso, meses, tras un esfuerzo). Los problemas de memoria y concentración en el SFC-EM, parecidos a la primera fase del Alzheimer, están causados por la reducción del volumen de sangre en el cerebro. En resumen, una persona de 40 años con el SFC-EM puede sentirse como un inválido de 80 años.

Existen investigaciones sobre "brotes" o epidemias del SFC-EM desde los años 1930. Se cree que estos brotes están relacionados con epidemias de la gripe en poblaciones u hospitales que, en personas con predisposición genética, desencadenaron el SFC-EM.

Los CDC de Atlanta hicieron la primera clasificación del SFC-EM en 1988. Aunque fue un momento histórico, hasta 1994 no se establecieron unos criterios que distinguían mejor entre "fatiga" y el SFC-EM, los llamados Criterios de Fukuda, Ya en 2003, los Criterios Canadienses ofrecieron una mejor herramienta para apoyar el proceso de diagnóstico.

La prevalencia oficial del SFC-EM, en este momento y a nivel mundial es del 0,5%, aunque en 2007 los CDC llevaron a cabo un estudio que demuestra que, como se sospechaba, las cifras son más altas y se sugiere que se adopte la cifra del 2,54% como prevalencia para el SFC-EM. Aunque la mayoría de los enfermos del SFC-EM desarrollan la enfermedad entre los 20 y los 30 años de edad, también es frecuente en niños y adolescentes. Hay criterios específicos para el SFC-EM pediátrico así como pediatras especializados en el SFC-EM en muchos países.

Desarrollo de la enfermedad

Existen muchos estudios e investigaciones sobre el SFC-EM a través de los cuales podemos comprobar que, como en la mayoría de las patologías, la predisposición genética es un elemento a tener en cuenta. Pero el inicio de la enfermedad propiamente dicha puede producirse de repente o lentamente, provocada por una agresión externa que hace que el ya defectuoso sistema inmunológico se ponga en marcha de una manera excesiva, originando una disfunción. Esta agresión externa es casi siempre un patógeno como un virus (por ejemplo, el virus Epstein-Barr), o bien un agente tóxico. El estrés también es significativo como desencadenante, sobre todo en combinación con virus u otros patógenos o con tóxicos. Recientemente se ha descubierto un retrovirus, el XMRV, que se cree que es causante o una de las causas del SFC. Este hallazgo es de gran importancia para el futuro de los tratamientos para esta enfermedad.

Debido a que la mayoría de los síntomas del SFC-EM están relacionados con procesos inflamatorios como dolor en los ganglios linfáticos, faringitis, amigdalitis y mialgias, inflamaciones intestinales y otras, se considera que en esta enfermedad hay, sobre todo, una disfunción inmunológlca. El SFC-EM está relacionado con: activación inmune y niveles muy altos de citoquinas inflamatorias, reactivación viral, bajos niveles de actividad de las células asesinas (NK) y alteraciones en la función de los linfocitos. También se observa una alteración de la Ribonucleasa L (RNasa L) que hace que esta molécula aumente en cantidad y se fragmente, lo que interfiere con el funcionamiento del sistema inmunológico.

Sin embargo, las últimas investigaciones demuestran que las disfunciones que presenta esta enfermedad (inmunológica, nedocrinológica, neurológica, cardiovascular, etc.) se deben a alteraciones bioquímicas.

Los virus, bacterias y tóxicos son agresiones externas que, en combinación con la disfunción inmunológica, también alteran los sistemas endocrinológico y neurológico, creando círculos viciosos de disfunción. Por eso se ven también síntomas como problemas de memoria y concentración. Otro síntoma muy común en el SFC-EM, la inestabilidad ortostática (mareos y desmayos), se debe a la relación entre desarreglos del sistema neurológico y el sistema cardiovascular. Síntomas adicionales, como problemas para mantener la temperatura corporal, se pueden relacionar con una alteración del eje hipotálamo-hipófisis-, suprarrenal.

Las alteraciones endocrinológicas en el SFCEM están relacionadas, sobre todo, con el estrógeno. Por eso el SFC, como otras enfermedades inmunológicas (artritis reumatoide, esclerosis múltiple), se da más en mujeres.

Cuando ya se ha desencadenado el SFC-EM, hay factores que perpetúan la enfermedad. El factor principal son los propios desarreglos del sistema inmunológico, que hacen que empeore la enfermedad, generando un círculo vicioso. También se pueden detectar importantes desarreglos bioquímicos. Es precisamente en la bioquímica donde se centran ahora las investigaciones más importantes sobre el SFC-EM.

Dado que el sistema inmunológico no funciona bien, los virus se reactivan y, cuando la persona está expuesta a nuevos virus, bacterias y hongos, no puede defenderse de ellos. Estas nuevas infecciones empeoran y perpetúan el SFC-EM. Los patógenos más comunes que se encuentran activos en personas con el SFC-EM son los virus de la familia Herpes, como el Epstein- Barr (el virus que causa la rnononucleosis), el citomegalovirus o el HHV-6, así como los enterovirus y los retrovirus, especialmente el XMRV. Un importante estudio ha mostrado recientemente que hay disfunción mitocondrial (es decir, en el sistema de "respiración" de las células) en personas con SFC-EM después de una infección de Epstein-Barr".

El sistema digestivo desempeña un papel importante en esta enfermedad debido a que, como es sabido, gran parte del sistema inmunológico se encuentra en el tubo digestivo, con lo cual se genera un nuevo círculo vicioso. La disfunción inmunológica altera la flora intestinal, ya que las defensas del cuerpo no pueden deshacerse de los virus, bacterias, hongos y otros patógenos que entran en el sistema digestivo y que en una persona sana serían eliminados. Esto lleva a un desequilibrio en el sistema digestivo de la persona con SFC-EM entre la "buena" flora intestinal y la dañina. Por eso se ven con frecuencia alteraciones digestivas como el "intestino demasiado poroso” o el “colon lrritable”. Un importante estudio reciente en el que se practicaron biopsias a pacientes con SFC-EM demostró que la mayoría de los que tienen problemas gastrointestinales tienen un enterovlrus".

Las exposiciones a tóxicos o xenobióticos que se encuentran en los alimentos, el hogar o el medio ambiente también pueden perpetuar las disfunciones del Síndrome de la Fatiga Crónica- EM. Los tóxicos empeoran la oxidación que ya existe en enfermedades como el SFCEM, la FM y las SQM. La oxidación es una reacción química que daña las células.

 

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