La fibromialgia es un concepto médico, y para entender la fibromialgia primero hay que entender cómo funciona el pensamiento del médico.

Los médicos somos formados en un cuerpo de conocimientos que aceptamos como verdades, y clasificamos los padecimientos de las personas en enfermedades. Tenemos una colección de apartados (enfermedades o diagnósticos) en nuestro índice de conocimientos, y creemos que el buen médico es capaz de primero “diagnosticar” (meter al paciente en uno de los apartados de nuestro índice) y luego tratar.

En la medicina actual el proceso diagnóstico consiste en realizar al paciente pruebas (análisis, estudios de imagen, biopsias) en función de cuyos resultados se confirma o descarta el diagnóstico, y entendemos los síntomas del paciente cuando somos capaces de explicarlos desde las alteraciones de las pruebas.

 

PRUEBAS Y DIAGNÓSTICO

En la práctica es el resultado de las pruebas el que da el veredicto sobre lo que le sucede al paciente, y dicta las decisiones sobre los tratamientos a realizar. Este pensamiento lineal y concreto es, a menudo, muy útil para muchos problemas como, por ejemplo, el diagnóstico de la apendicitis, del paludismo, de la tuberculosis, o de un linfoma.

Tanto los pacientes como los médicos buscan la seguridad o la certeza en el resultado de los estudios que dan la respuesta. Sin embargo esta estrategia tiene muchas limitaciones, como sucede con los pacientes diagnosticados de fibromialgia.

 

LARGA LISTA DE MANIFESTACIONES CLÍNICAS

El paciente con fibromialgia tiene una larga lista de manifestaciones clínicas que desbordan y frustran al médico, que no puede entender, que no puede explicar por alteraciones en las pruebas y, por tanto, no puede diagnosticar. En esta situación el médico debería tener un problema, puesto que el paciente sufre, el médico no sabe lo que le pasa y no sabe tratarlo.

El diagnóstico más apropiado debería ser: dolor generalizado y cansancio crónico de causa desconocida. Sin embargo, la medicina ha inventado un “diagnóstico” para estos pacientes: “fibromialgia”, que en realidad sólo es un término descriptivo como “cefalea” o “dolor abdominal”.

 

“ESTÁ EN SU CABEZA”

Para el médico, poder diagnosticar al paciente le protege de su incertidumbre y su impotencia. En lugar de aceptar “no sé lo que le pasa”, pasa a pensar: “sé lo que tiene: fibromialgia”.

A menudo se aplica un pensamiento bastante más duro y peligroso: como no le encuentro nada, no tiene nada (¡Como si las pruebas de los médicos fueran capaces de detectarlo todo y supieran todo!); como no tiene nada, es mental, y los pacientes acaban en el psiquiatra y en la unidad del dolor.

Esta respuesta del médico ante el paciente fibromiálgico es equivalente a diagnosticar resignación y “está en su cabeza”. La concepción aceptada por los expertos en fibromialgia de la alteración de sensibilización central y de los neurotransmisores del cerebro como la causa, es una forma sofisticada de llegar a la misma conclusión: sé lo que tiene, resígnese, aprenda a vivir con ello, vaya al psicólogo y tome todos estos medicamentos.

 

EL PROBLEMA EXISTE

Así, aunque en sus inicios el concepto de fibromialgia se acuñó como un término descriptivo con el objetivo de investigar su causa y tratamiento, ha terminado siendo un fracaso de la medicina y un refugio de los médicos ante el desconocimiento, la incertidumbre y la impotencia.

Lo único que tiene de bueno para los pacientes es reconocer que el problema existe, aunque su reconocimiento a menudo está teñido de escepticismo e importantes prejuicios e interpretaciones un tanto despectivas de origen psicosomático o depresivo. Cuando se trata a estos pacientes desde fuera del concepto de la fibromialgia aparecen varias formas útiles de entenderlos y ayudarles.

 

EL EJE CEREBRO – INTESTINO

El modelo que creo más útil es el eje cerebro – intestino. Se sabe que las alteraciones de la flora y la función intestinal (absorber lo que hace falta y no dejar que entre lo que daña) alteran el sistema inmune y de forma muy llamativa el funcionamiento del cerebro.

En la actualidad se piensa que las causas subyacentes de la alteración de la permeabilidad intestinal tienen que ver con nuestro tipo de vida, particularmente con el abuso de antibióticos, la alimentación y el estrés crónico. Esta alteración del funcionamiento del intestino llamada permeabilidad intestinal explica el cansancio crónico y la fatiga mental. A su vez, el estrés afecta la flora y función intestinal, de modo que la alteración intestinal y el estrés se potencian en un círculo vicioso.

 

LA NEGACIÓN DE LOS SÍNTOMAS

La incomprensión de los médicos de las causas orgánicas de los síntomas de los pacientes, en la práctica negando los síntomas, rechazando a los pacientes o considerándolos psicosomáticos, cuando no directamente psiquiátricos, aumenta los sentimientos de culpa e impotencia, empeorando la situación de estrés crónico, y el ya precario equilibrio del paciente.

Si se mira el perfil de los efectos secundarios de los psicofármacos que se utilizan en estos pacientes, que se solapan con sus síntomas (por ejemplo, efectos secundarios digestivos y sobre el cerebro), es fácil pensar que estos fármacos ayudan a unos pocos a costa de producir más daño que beneficio a otros muchos.

 

ENTENDER E INVESTIGAR

Creo que la “fibromialgia” es la expresión de una sociedad enferma y de una equivocación de la medicina. Posiblemente empieza por alteraciones intestinales en relación con el uso de antibióticos, daño producido por determinados alimentos en personas susceptibles y estrés crónico; y es perpetuada y agravada por la concepción médica actual que genera más estrés y además añade efectos secundarios de medicamentos.

 

Es hora de abandonar la concepción actual de la fibromialgia, y de entender e investigar caminos para ayudar a los pacientes desde una perspectiva mucho más amplia e integradora.

 

AUTOR: Carlos María Isasi Zaragozá
Servicio de Reumatología
Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda
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